viernes, 30 de diciembre de 2011

Gea y la fuente de los milagros religiosos

Antes de hablar de Gea, os diré que pienso que la energía que desprende la tierra es tan poderosa que hace cambiar, transformar y crear materia, y que esos puntos de los que sale el verdadero Mana, sin duda son puentes de energía en los que todas la religiones construyen sus templos.
                                                         
Alguien me podría tachar de blasfemo pero realmente creo que los fenómenos tan maravillosos que se producen en templos de diferentes religiones no son mas que la energía viva despedida por la Tierra o Gea.
                                                                                      
Gea, Gaya, Tellus, Gaia o Gé es la diosa que personifica la Tierra en la mitología griega. Es una deidad primordial y ctónica en el antiguo panteón griego y se la consideraba una Diosa Madre o Gran Diosa. Su equivalente en el panteón romano era Terra.

Dependiendo de la fuente, se considera hija del Caos (según Hesíodo); de Hydros (según los órficos); de Éter y Hemera (según Higinio). Según la Teogonía de Hesíodo, tras el Caos, surgió Gea. De su propio ser dio luz a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas, y también a Ponto, la infructuosa profundidad del mar. Pero tras esto, cuenta Hesíodo, yació con su hijo Urano y engendró a los Titanes Océano, Ceo, Crío, Hiperión y Jápeto, y a las Titánides Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis. Tras ellos nació Crono, el más joven, que odió a su lujurioso padre.

Hesíodo menciona que Gea concibió más descendencia con Urano. Primero los Cíclopes, gigantes de un solo ojo, constructores de murallas, a los que posteriormente se les dieron nombres: Brontes (‘el que truena’), Estéropes (‘el que da el rayo’) y Arges (‘el que brilla’). Luego añade los tres terribles hijos de cien manos de la Tierra y el Cielo, los Hecatónquiros: Coto, Briareo y Giges, cada uno con cincuenta cabezas.

 

Urano escondió a cíclopes y hecatónquiros en el Tártaro, el mundo de las profundidades y la oscuridad, donde no pudieran ver la luz. Esto provocaba gran dolor a Gea (el Tártaro era su vientre), por lo que creó un pedernal gris (o adamanto) y de éste fabricó una gran hoz, y reuniendo a los titanes les pidió obediencia. Sólo Crono, el menor, se atrevió a tomar la hoz y castró a su padre cuando éste se acercó a Gea para yacer con ella. Según algunas fuentes, Crono arrojó al mar los testículos de Urano, donde produjeron una espuma de la que nació Afrodita. Por otro lado, la sangre derramada sobre la tierra engendró a las Erinias, a los Gigantes y a las ninfas Melias, considerándose también hijos de Urano y Gea por muchos autores.



Urano vaticinó que, como había sido depuesto por su hijo Crono, el propio Crono estaba destinado a ser derrocado por su hijo. Por eso, para evitarlo, Crono se tragaba a sus hijos tan pronto como éstos nacían. Gea le dio a la esposa de Crono, Rea, la idea que salvaría a su último hijo, Zeus: dar a Crono una piedra envuelta en pañales que pareciese un bebé. Según algunas versiones, Gea crió a Zeus, lo que acabaría propiciando la caída de Crono (más información en el Mito de la Sucesión).

Tras la castración de Urano, Gea parió a Equidna y Tifón, engendrados por Tártaro. De Ponto tuvo a Nereo, Taumante, Forcis, Ceto y Euribia. Con Éter tuvo a Ergía, la diosa de la pereza y la holgazanería.

 

Zeus escondía a una amante Elara de Hera, su legítima esposa, ocultándola bajo la tierra. El hijo que tuvo de ésta, el gigante Ticio, es por tanto considerado a veces hijo de Gea, la diosa de la tierra, y de Elara.

Gea también hizo inmortal a Aristeo.

Según algunas fuentes, Gea podría ser la deidad original del Oráculo de Delfos, traspasando sus poderes a Poseidón, Apolo o Temis, dependiendo del autor. Apolo es el mejor conocido, reconocido ya en tiempos de Homero, que se habría apoderado del oráculo tras matar en aquel lugar a Pitón, hijo de Gea, por lo que Apolo fue castigado a trabajar como pastor durante nueve años con el rey Admeto.

En el arte clásico Gea era representada de dos formas. En las vasijas pintadas atenienses se la mostraba como una mujer entrada en años, medio levantada del suelo, a menudo dando el bebé Erictonio (futuro rey de Atenas) a Atenea para que ésta lo criase. Más tarde, en los mosaicos, aparece como una mujer reclinada sobre la tierra rodeada por un grupo de Karpoi, dioses infantes de los frutos de la tierra.

Se le atribuye la siguiente descendencia: Los Ourea, Ponto, Urano (en solitario); Ticio (con Elara); Ergía y Tártaro (con Éter); Erictonio (con Hefesto); Triptólemo (con Océano); Ceto, Euribia, Forcis, Nereo, Taumante (con Ponto); Equidna y Tifón (con Tártaro); Cíclopes, Hecatónquiros, Musas, Titanes y Titánides (con Urano); Erinias, Gigantes, Melíades (de la sangre de Urano tras su castración); Manes (con Zeus). Además, aunque no se conoce el padre, también se le atribuye la maternidad de Anax, Anteo, Argos, Arión, Caerus, Cécrope, Creúsa, Curetes, Escorpión, Feme, Flío, Hilo, Leito, Orión, Pitón.

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