lunes, 26 de diciembre de 2011

Criaturas de la noche 2 parte


 

CARRU DE LA MUERTE

Carro que anda por los aires durante las noches asturianas, buscando muertos. Es negro, no se le ven los caballos, no lleva conductor y sobrevuela silenciosamente las casas de los moribundos.
Según otras versiones, el carru de la muerte consiste en un coche que viene por las noches a buscar vecinos. Lleva ruedas de corcho para que no se le sienta, es arrastrado por dos caballos y conducido por el alma de la última persona que falleció ese año en la parroquia. Se para ante la puerta de la casa de un vecino, llama un individuo a la puerta y dice "Salga Fulano, que aquí lo buscan": El aludido sale y entonces en ese momento lo meten en el carro y ya no se le vuelve a ver más...

EL DESTINO DEL ALMA

Cuando una persona está agonizando no es bueno mantener una vela encendida en su habitación, pues le prolongará la agonía. Tampoco es bueno taparlo con sábanas de cáñamo, pues dificultan la salida del alma y prolongan también por lo tanto la agonía.
Tras la muerte, el alma toma forma de paloma y sale por una de las ventanas de la casa, y es costumbre vaqueira poner velas encendidas en cada una de las ventanas, para que de esta manera el alma sepa por dónde va cuando abandona el cuerpo. En muchas aldeas asturianas se le tiene miedo reverencial al alma del difunto, y así en Bual, tras la defunción de un vecino, se sacan las vacas de los establos y se les aleja del pueblo para evitar que les de mal.
Una vez que ha salido del cuerpo, el alma se dirige al juicio particular ante el Señor, y tras la celebración de éste, vuelve al cuerpo hasta que se celebre el sepelio. En este sentido, si el entierro del difunto se retrasa por algún motivo (p.e. el cura no llega a tiempo), es porque el alma aún no ha llegado del juicio particular. Celebrado el funeral, el alma se despide del cuerpo, y si el cuerpo fue bueno en vida y el individuo alcanza la salvación las palabras del alma son dulcísimas, pero si el resultado ha sido la condenación, sus palabras están llenas de coraje y rencor. Son muchas las personas que han oído este diálogo fatal y que han quedado por ello aterrorizadas.
Tras el entierro definitivo del cuerpo, el alma inicia su viaje al paraíso, pero para ello habrá de atravesar antes el Río Jordán. En ciertas partes de Asturias se le deja al muerto en el sepulcro provisiones para que le sirvan en su viaje. Es el Jordán río turbulento, y las almas han de cruzarlo a nado. Mientras, en la otra orilla las almas de los bienaventurados animan al nadador en su travesía.
Y por fin, después de haber cruzado el Río Jordán el alma se encuentra ante sí el Paraíso, la Nueva Jerusalén celestial prometida por el Apocalipsis.

 

GUAXA

Con el nombre de guaxa se conoce a la bruja de pelo blanco con la cara arrugada y fea que entra por las noches en las casas chupándoles la sangre a los niños haciéndolos progresivamente empeorar hasta que mueren....y entonces los vecinos comentan ¡a esi nenu llevolu la guaxa!
Así, un niño que en un principio está rollizo y sano comienza a palidecer y adelgazar, lo cual asusta a sus padres, que por la noche hacen guardia para cazar a la guaxa. Una vez que la cazan, ésta dejará en paz al niño que recobrará su salud, y en algunos casos la guaxa se curará y se convertirá en una mujer normal si se le retuerce el dedo.

 

GÜESTIA, SANTA COMPAÑA

Procesión de almas en pena que deambulan por doquier, vestidas con sudarios blancos y portando huesos encendidos a modo de teas: Generalmente portan también un ataúd, en el cual aparece la imagen del próximo fallecido y son muchas las personas que se han encontrado a esta procesión y cuál es su sorpresa que en el ataúd se encontraba un familiar, un amigo o un vecino.
Cuando las campanas de la Iglesia de la parroquia marcan la medianoche, se abren las puertas del cementerio y la güestia sale de procesión por bosques y caminos: Se dirigen, canturreando fúnebremente, y agitando sus campanillas, a cumplir su misión, que es la de comunicar la muerte a todas aquellas desdichadas personas que en breve van a morir. A todos los atrevidos que se cruzan en su camino, les sacude una bofetada añadiendo ¡Andái de día que la noche ye mía! , pues la noche es para los muertos y el día para los vivos.
Pero no todo el mundo tiene la capacidad de verla y se dan casos en los cuales varias personas salen por la noche y sólo una de ellas es capaz de ver a la güestia. Y es que la güestia, la anunciadora de la muerte, sólo se aparece a determinadas personas...
Una vez que la fúnebre procesión llega a su destino, circunda entonces varias veces la casa del moribundo o bien, si se lo encuentra frente a frente, le entrega un hueso encendido. El infeliz, presa del pánico, lo coge, pensando que es una vela encendida: Posteriormente, cuando la procesión se marcha y las luces se desvanecen, se da cuenta de que lo que tiene realmente en la mano es un hueso sobre el cual arde una pequeña llama verdiclara, lo que es señal de que su final está cerca. Ahora bien, se puede evitar la muerte colocándose un escapulario al cuello y entregándole el hueso encendido a la güestia la noche siguiente. En otras ocasiones el cirio se transforma en un cadáver, en cuyo caso es necesario colocarle reliquias en el pecho para que desaparezca.
Cuando la güestia se nos acerca la única forma de librarse de ella es dibujar un cercu (círculo) en el suelo e introducirse en él, pues la güestia no podrá jamás atravesarlo. Dentro de este cercu se ha de dibujar la estrella de cinco puntas, también llamada pentalfa o signum Salomonis (sello de Salomón). Es un símbolo de indudable carácter mistérico, que aparece en lápidas y monedas de todas las épocas y del cual ya nos hablaba Beato de Liébana en el siglo VIII.
La güestia suele llevar a la cabeza una persona con el acetre del agua bendita y una cruz, y si hallan en la marcha a un infeliz, se lo larga y escapa como un relámpago, y tiene el infeliz que sustuirla en su puesto y encaminar a los difuntos hasta que la procesión encuentre otro sustituto. Mientras tanto habrá de cumplir con su cometido, ¡y pobre de él si se le ocurriera escapar o mirar hacia atrás!.

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